No sé qué ha sido mayor si tu osadía o tu ingenuidad, pero a ambas agradezco de par en par ya que sin ellas, el mejor vampiro de la historia nunca hubiera sido plasmado en el celuloide para vivir en la eterna noche de mi recuerdo.
El director de cine alemán, otrora piloto durante la Primera Guerra Mundial, nació el día de los inocentes de un agónico siglo XIX, 28 de diciembre de 1888, en Bielefeld, una ciudad colindante al bosque teutónico.
Seducido siempre por el teatro, estudió literatura, historia del arte, filosofía y música en la Universidad de Heidelberg, en esta época es cuando decide llamarse diferente, así que cambia el aburrido Friedrich Wilhelm Plumpe por F.W. Murnau.
El hombre fue el zenit del expresionismo alemán en la década de los 20’s, luego de haber filmado el drama “Marizza”, en 1921 se enfoca en la inmortal obra de Bram Stoker. Una inquietante poesía del horror a la que sabría darle un estilo único e irrepetible.
Cuenta la leyenda que el cineasta alemán trató de adquirir los derechos del libro del maestro irlandés, fallecido en 1912, pero su viuda puso un precio estratosférico a la obra. Tan sólo unos años más tarde a Universal Studios le exigió tantos dólares que el mismísimo Bela Lugosi tuvo que intervenir con la señora para que, literalmente, les hiciera una rebaja y poder realizar la primera versión oficial de la obra, en 1931.
Lo cierto es que Murnau se aventó a realizar el filme a pesar de no haber conseguido los derechos de la obra, con el genial Max Schreck como protagonista, e inocentemente creyó que al cambiar el título y los nombres de los personajes no iba a tener problema alguno. Por ejemplo la original Mina, en la versión de Murnau se llama Hellen o el Conde Drácula optó por llamarse Conde Orlock y el mítico Profesor Van Helsing pasó a llamarse Profesor Bulwer. Además, la trama no se desarrolla en Londres como originalmente se plasmó en el libro, sino en la ciudad alemana de Bremen. Y un punto valiosísimo en la adaptación de Murnau, para que el final fuera diferente es la primera vez en el cine que se mata a un vampiro con luz solar. En otras palabras, el concepto popular de que la luz del sol es letal para los vampiros se basa en esta película.
A pesar de todo, al ver el filme, era evidente que ese Nosferatu era el Drácula de Stoker, así que su viuda demanda a Murnau, se van a juicio, el alemán pierde y grave error, se le ordena destruir la película original y los negativos. Y así sucedió, perdiéndose una obra invaluable. Afortunadamente, la película se había comenzado a distribuir en varios países y son de éstas copias de donde salen las versiones hoy existentes. Desafortunadamente muchas de ellas sufrieron mutilaciones y por eso existen versiones de 69 ó 74 minutos cuando la original duraba 94 minutos. Se dice que la única completa es propiedad de un coleccionista alemán llamado Jens Geutebruck.La obra del maestro alemán es invaluable y Nosferatu la más famosa. No es el primer vampiro en la historia del cine pero definitivamente el más influyente.
Nosferatu, la película que estuvo prohibida en Suecia durante 50 años por su horror excesivo, la obra que inmortalizó al actor Max Schreck, la cinta que hiela la sangre al susurro de un oscuro poema donde ataúdes, barcos fantasmas y ratas son el manifiesto de la más sublime pesadilla. El filme por el que hoy y siempre valdrá la pena recordar a F.W. Murnau.
Tags: F.W. Murnau, Nosferatu, Vampiros, Bram Stocker, Max Schreck, Expresionismo alemán
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